lunes, 7 de agosto de 2017

Un cambio real



Les comparto esta historia escrita por Chris H. de Oregon para la revista The Forum de mayo de 2000:

En el hogar donde crec­í, aprendí a no confiar. No había nadie de quien pudiera depender, así que me resigné a estar solo. Me preguntaba "¿No es mejor estar solo que arriesgarse a ser lastimado?" Como resultado no tenía amigos y me sentía enojado y resentido la mayor parte del tiempo.

Llegué al programa de Al-Anon sintiéndome maltratado y agotado. Ya había aprendido la dura lección de que no tengo todas las respuestas. Ahora tenía que admitir que yo no era único, que había otra gente con problemas como los míos, y quizá la gente podría ayudarme.

A través de Al-Anon aprendí cómo amar, confiar y sentir nuevamente. Eso no sucedió de la noche a la mañana, pero gradualmente me fui volviendo más extrovertido, amistoso y seguro de mí mismo. Aprendí como tener contacto con los demás. Llegué a creer que exactamente cómo otros me ayudaron, yo también tenía algo valioso que dar.

Hoy amo mi vida. Mi grupo me confía una de las llaves de uno de uno de nuestros lugares de reunión. Incluso juego en un equipo de softball con gente que conocí en Al-Anon. Ahora tengo grandes amigos que tienen un abrazo para mí cuando necesito uno.

Al-Anon ha sido mi capullo. A través de la aceptación y amor de este programa, he encontrado el valor para expandir mis alas y convertirme por fuera en la hermosa persona que siempre fui por dentro. Al-Anon ha transformado mi vida. Con la ayuda de este programa, he renunciado a mi existencia solitaria y ahora llevo una vida más completa y satisfactoria.

Ya no soy una víctima de las circunstancias. Con la ayuda de un Poder Superior, puedo sacar provecho de cualquier situación simplemente manteniendo la atención  en mí y luchando por mejorar mis pensamientos, actitudes y comportamiento. Como mi padrino me dijo una vez, cambiando estas tres cosas, puedo cambiar lo que sea.

Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.

miércoles, 19 de julio de 2017

Alguien que amo



Les comparto esta historia escrita por Terry H. de Washington para la revista The Forum de mayo de 2001:
 


Apuesto que quizá esto se debió a esos programas de vaqueros que pasaban en la televisión cuando crecía. Pensaba que en cualquier momento en que alguien que yo amaba estuviera en problemas o a punto de ser herido, cabalgaría en mi caballo blanco, llevando mi sombrero blanco y lo salvaría. Después de deshacerme del mal amenazante, aquellos que me amaban estarían seguros para siempre.

Cuando me convertí en padre y abracé por primera vez a mi hija, pensé que nada en este mundo la heriría, no mientras yo estuviera vivo y no en tanto yo fuera su papá. Los papás eran esos héroes que cabalgaban y detenían el problema.

La noche que puse la cabeza de mi hija en mi regazo porque ella estaba demasiado inconsciente a causa del alcohol,  yo estaba en tal negación que no tenía idea de lo que la estaba hiriendo. Me empecé a dar cuenta por primera vez de que no había un caballo blanco y que yo no era un héroe. Era un padre que amaba a alguien que bebía y que estaba fuera de control, y yo no tenía a dónde acudir.
Intenté todo lo que sabía y fallé.  Incluso recuerdo rezarle a Dios para que me dejara morir si eso cambiaba la vida de mi hija y la salvaba. Dios escuchó y respondió pero no de la manera en que le pedí en mi rezo. Me llevó al punto en que puse a mi hija en tratamiento por su alcoholismo y ahí fue donde escuché lo que cambió mi propia vida: Al-Anon.

Empecé a ir a Al-Anon hace casi cuatro años y no soy el mismo. Hoy soy alguien que ama, alguien que ha aprendido a perdonar,  alguien que puede aceptar. He aprendido esas cosas de un cuarto lleno de héroes que se reúnen las noches de cada martes, miércoles y jueves. No llevan sombreros blancos ni cartucheras, pero enfrentan sus más grandes temores con valor y lágrimas, un paso a la vez.

En un mundo concentrado en las malas noticias, esta gente me enseñó que los héroes existen. Hacen lo mejor que pueden con lo que su Poder Superior les da. Los Doce Pasos nos ayudan a caminar por el sendero de la vida, pero no es fácil. No siempre hay finales felices, aunque he visto puestas de sol a las que vale cabalgar. Al-Anon me da suficiente paz para disfrutar la belleza que existe incluso en tiempos tempestuosos.

Amo a mi hija. Dios sabe que daría mi vida por ella si eso pudiera salvarla del dolor y el sufrimiento. Dios cuida a mi hija y la ama más de lo que yo podría. Pienso que él también me ama y que cree que soy un héroe solo por tratar de vivir la vida un poco mejor, por enfrentar aquellos temores que todo padre enfrenta, y por tratar esforzadamente siempre de hacerlo con  amor.
 
Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.