martes, 14 de abril de 2015

Tiempo para sanar



Hay heridas muy profundas y no siempre tenemos el crecimiento espiritual suficiente para sanarlas con la rapidez que quisiéramos. Entonces es necesario esperar pacientemente y perseverar en el proceso de sanación.  El dolor que a veces resurge de las heridas podría hacernos desistir y desear entregarnos a  un sufrimiento tóxico e inútil. El peligro  de recaer en el resentimiento está siempre presente. El ego no va a ceder fácilmente en sus intentos de hacernos  retroceder.

En los momentos de desesperación en que no veo en mí toda la sanación que quisiera ni todo el progreso que anhelo, me vuelvo al Dios de mi entendimiento. Ahí encuentro el sano juicio necesario para retomar el camino. Necesito  ser paciente. Necesito hacerlo con calma. La impetuosidad ha sido uno de mis grandes problemas. Siempre he querido las cosas ya. La espera, para un ansioso como yo, puede resultar torturante. Pero tiene un lado positivo. Cuando hice el Séptimo Paso le pedí a mi Poder Superior que me quitara mis defectos de carácter. En otras palabras, le pedí que me sometiera al proceso de cambio con el cual me comprometí en el paso anterior. Someterme a la espera es la forma de desarrollar la paciencia y eliminar la ansiedad.

El refrán "el tiempo todo lo cura" es cierto aunque los miembros de Al-Anon sabemos que la espera tiene  que ir acompañada de acción. No se trata de tener una esperanza pasiva sino activa. Eso me hace pensar en una charla  donde alguien comentó el pasaje bíblico de los Diez leprosos. No fueron sanados de inmediato sino en el camino hacia Jerusalén. En nuestro caso la sanación también llegará, pero la encontraremos mientras caminamos paciente y persistentemente.

domingo, 12 de abril de 2015

Esperanza

El sábado anterior me puse a revisar una serie de papeles que tenía acumulados para ver cuáles podía desechar. Me llevé la sorpresa de encontrarme con una vieja lista de medicamentos. Era una recopilación de todo lo que me recetaron durante un período relativamente reciente de mi vida en que sufrí una fuerte depresión y ansiedad. En total eran 20 medicamentos. Fue una gran caída que me robó la esperanza de un futuro mejor y el deseo de vivir.

En mi reunión de ese sábado les comenté a mis compañeros de esa lista. Salvo por un medicamento que todavía tomo porque de verdad lo necesita mi organismo, los demás los dejé hace mucho tiempo. Ese día hablamos de lo importante que es convertir el Programa en un modo de vida y no solo usarlo para salir de crisis fortuitas. Eso es lo que me ha ayudado a abandonar apegos y los correspondientes temores que de ellos se derivaban y que trataba de superar con químicos, que en mi caso eran innecesarios. Un médico me aseguraba que había encontrado la fórmula perfecta usando diversos fármacos, para curar los trastornos emocionales. A mí no me funcionó. Ocupaba cambiar de mentalidad y en ese entonces fue cuando me encontré con Al-Anon. Las cosas fueron mejorando de una manera proporcional a mi esfuerzo y constancia de seguir los Principios.

Quiero conservar esa lista para recordar que las cosas mejoran cuando trabajo de la mano del Dios de mi entendimiento y de Al-Anon. Si pertenezco a ese equipo y me comprometo con él, siempre habrá esperanza.
 
C.G.

viernes, 10 de abril de 2015

Sin máscaras

Una expresión que oí mucho dentro del grupo donde me inicié era que había que ser brutalmente honesto. Muchos la usaban como preámbulo para sus catarsis. Siempre había escuchado que la honestidad era algo muy valioso y que toda persona debería practicarla. Creo que fue hasta que entré al Programa comprendí totalmente su importancia. No se trataba solo de seguir una norma social o de cumplir un requisito para irme al Cielo, sino de vivir libre. Atarse a la mentira complica la vida. Había que ser honesto para vivir bien y tenía  que empezar siendo honesto conmigo.

Escribiendo sobre este tema se me vino a la mente la película El vuelo, que trata del problema de las adicciones. Me gustó muchísimo. Fue una grata sorpresa que se le diera tanta relevancia a nuestro programa y me entusiasmó la idea de que mucha gente se acercara a él gracias por la presentación tan atractiva que le hicieron. Pero lo que más atrajo mi atención fue cuando el personaje principal se derrotó y admitió que ya no podía seguir mintiendo. Decidió ser brutalmente honesto. Las implicaciones judiciales de decir la verdad fueron graves, pero las espirituales lo llevaron a su tan anhelada libertad. Aceptar su realidad rompió las cadenas.

No es sencillo llevar una vida reflexiva y de honesta autoevaluación después de pasar tanto tiempo dejándose llevar por reacciones emocionales. Considerar los verdaderos motivos que hay detrás  de nuestras acciones puede parecer extenuante cuando se ha vivido imprudente y desconsideradamente. Aun así hay que intentarlo. Si el orgullo es el que nos ha traído tantas desgracias entonces su opuesto, la humildad, vivir en la verdad, la honestidad, es lo que nos librará  de ellas.
 
C.G.

miércoles, 8 de abril de 2015

Tratar sinceramente

Hacerlo todo sin error era una de mis obsesiones, principalmente en mi niñez y adolescencia. El problema no era el deseo de hacer bien las cosas, sino hacerlo para evitar la culpabilidad que experimentaba al no lograrlo, una probabilidad siempre muy presente porque no soy perfecto ni todas las condiciones iban a darse para que todo saliera como yo planeaba. Mis expectativas de mí mismo eran altísimas. El miedo a fracasar, o mejor dicho el miedo al castigo por fracasar, me impulsaba a un perfeccionismo inalcanzable. Una falla me hacía sentirme miserable y el deseo de perseverar se desvanecía ¡Qué paradoja! El deseo de ser un bueno para todo me estaba llevando a convertirme en un bueno para nada.

Sigo creyendo que hay que hacer todo de la mejor manera posible y trato que mis esfuerzos sean sinceros para lograrlo. Pero ahora soy consciente de que siempre existe un margen para el error y si ocurre, aunque sienta algo de desaliento, al menos no voy a sentirme un completo fracasado ni dejaré de intentar. El error será parte de mi aprendizaje y me servirá para hacer mejor las cosas después. No creo que podamos escapar del proceso prueba-error que parece ser una constante de la vida, pero sí de la culpabilidad. Mi caminar será siempre tambaleante, pero al menos marcharé resuelto, constante y tranquilo hacia la recuperación. Es mejor un imperfecto que avanza que un perfecto que se queda tirado en el camino.

C.G.

lunes, 6 de abril de 2015

Autocontrol

Han pasado tres años que alguien, que en teoría me amaba, me lanzó violentamente una frase ofensiva que quizá nunca antes en mi vida me habían dirigido. No puedo decir que recibí una ofensa porque no la acepté. En ese momento quedé aturdido y sentí un fuerte deseo de darle la espalda y largarme de esa casa. Pude dominarme y si bien estaba determinado a no regresar, no reaccioné. Creo que ella notó mi desconcierto porque trató de minimizar el asunto y justificarse. Bajó su tono y sonreía pero continuó racionalizando su ex abrupto. No le di mayor importancia al asunto y esperé a que anocheciera, la verdad con anhelo, para irme y empezar el proceso de ruptura.
No me sentí mal. Descubrí que pude dominar mi tentación de reaccionar violentamente y que también podía desprenderme emocionalmente de alguien quien ya venía dando muestras de ser extremadamente manipuladora. Pero esa agresión psicológica la expuso claramente como alguien con la que no podía crear un proyecto de vida. No iba a ayudarme a evolucionar sino a hacerme involucionar, cosa que no podía permitir. Me ha costado mucho alcanzar este nivel de recuperación y felicidad para tirarlos por una relación enfermiza. No guardé rencor porque entendí por sus actitudes y su historial que era una persona muy dañada emocionalmente. Como no iba a jugar el papel de rescatador ni mucho menos de mártir del “amor”, me alejé.
Fue un pasaje muy incómodo de mi vida y reconozco que todavía me impacta recordar sus palabras faltas de humanidad y su rostro cargado de una ira que días antes me confesó la caracterizaba. Lo bueno es que la cosa no paso a más gracias a que pude controlarme, como en otras ocasiones posteriores, y no cedí a la tentación de pagar con la misma moneda. Salí de ese momento difícil con donaire y mucha paz. Fue una lección más que me dio la vida que fortaleció mi voluntad. Ojala nunca la olvide porque siempre enfrentaré situaciones que me tentarán a ceder mi serenidad e integridad.

viernes, 3 de abril de 2015

¡Usted está muy viejo para andar en eso!



Estaba en mi casa cuando oí en la noche un alboroto. Una señora había enviado a su hijo adolescente a traerse a la casa a su esposo que se había pasado de tragos. El muchacho le reclamaba duramente a su papá en el camino de regreso que anduviera borracho. "¡Usted está muy viejo para andar en eso!", le gritaba. El señor, con voz torpe, insistía en que no quería regresar. El asunto se convirtió en todo un drama que por el tono que estaba alcanzando, pensé iba a terminar a golpes. Una familiar mía quiso salir a darle unas palabras de aliento en medio de aluvión de críticas, pero le recomendé firmemente que no porque además de que al entrometerse  podría empeorar el problema, no valdría la pena porque la mente del señor estaba obnubilada. Luego se callaron y no supe más. 

Escuchar esa pelea me recordó lo difícil que es lidiar con un enfermo alcohólico cuando no sabemos cómo  hacerlo. Tratar de chantajearlo emocionalmente no sirve para nada excepto para que desarrolle más culpa y resentimiento que lo atarán más a la bebida. Nos llenaremos de decepción porque pelear con alguien así es inútil, especialmente si se encuentra en estado de ebriedad. 

Al-Anon me ha ayudado a tomarme con calma la vida. No puedo cambiar a las personas, así que solo tomo las medidas para no verme afectado por sus desvaríos. En el mundo hay muchísima gente enferma emocionalmente y espiritualmente, y si me pusiera a pelear con ella  me pasaría la vida haciendo una tarea infructuosa y me perdería la oportunidad de hacer algo por mí, que sí estoy dispuesto a mejorar y ser feliz.

miércoles, 1 de abril de 2015

Luchar contra los defectos de carácter de otras personas

Me hizo reflexionar mucho esta publicación de nuestra compañera del blog Through An Al-Anon Filter, quien hace rato no escribe. Espero que siga mejor y que su tratamiento contra el cáncer esté siendo efectivo.

LUCHAR CONTRA LOS DEFECTOS DE CARÁCTER DE OTRAS PERSONAS..

Luchar contra los defectos de carácter de otras personas en lugar de los nuestros, es la forma de asegurarnos que vamos a seguir viviendo en un desaliento frustrante en los años venideros. ¿Suena sombrío? Ese es el resultado al que nos condenamos  cuando no estamos dispuestos a examinar nuestros propios carácteres. Podemos tomar inventario de otra persona, detallar cada vez que cometan transgresiones contra nosotros, la decencia y el mundo, pero al final de nuestra (probablemente extensa) lista, no lograremos nada.

No puedo cambiar a otras personas. No puedo manipularlos para que cambien, no puedo hablar con ellos para que cambien; están más allá de mi control. Eso me deja conmigo misma. Antes de que pueda estar dispuesta a intentar un cambio en mí, tengo que descubrir las formas en que he actuado equivocadamente. De eso es lo que trata el Cuarto Paso, averiguar lo que nos motiva y porqué hacemos las cosas que hacemos.

Si no puedo o no podré aceptar que yo también he cometido errores, que he elegido comportarme mal en lugar de bien en algunas ocasiones, entonces no estoy siendo honesta conmigo misma y la falta de honestidad seguirá haciéndome tropezar. Puede ser satisfactorio enumerar los defectos de carácter de otra persona cuando estamos molestos, lastimados o frustrados, pero ¿a dónde me lleva eso? Mi experiencia ha sido que todo en lo que me concentro se  tiende a intensificar. Si me centro en los defectos de carácter de otra persona, pronto eso es todo lo que puedo ver o escuchar cuando esté o no en su compañía: lo que está mal en ellos.

Mientras tanto, puedo excusar ese mismo comportamiento en mí, poniéndole una etiqueta diferente o pretendiendo que no estoy realmente haciendo lo que estoy haciendo. "No, estoy haciendo otra cosa totalmente diferente, ¿ves?"

Una vez escuché a un orador de A.A., decir algo que se ha quedado en mi mente: "¿Sabes cómo distinguir las personas maduras de aquellas que son sólo adultas? Por su disposición a admitir, a hacer enmiendas y a trabajar para cambiar."

Oro por alcanzar la madurez.