Meditaciones personales de un miembro costarricense de la hermandad mundial Al-Anon, dedicada a llevar fortaleza y esperanza a personas afectadas por bebedores problema.
domingo, 12 de julio de 2015
La mentira de la media naranja
miércoles, 8 de julio de 2015
Parejas disparejas

C.G.
lunes, 6 de julio de 2015
Mamás neuróticas
Una publicación de Facebook de una amiga alababa el enfermizo control que quieren ejercer las mamás sobre sus hijos. Hice el comentario, en son de broma pero también con la idea de llamar a la reflexión, de que era un problema que hubieran tantas mamás neuróticas. La respuesta de esta amiga, que creo se lo tomó muy personal, fue que el problema no eran tanto las mamás neuróticas sino los "hijos malagradecidos". Sentí eso como un ataque y tuve deseos de aclarar mi punto, pero pensé que se iba a prestar para iniciar una polémica innecesaria y me abstuve. Acepto que fue una imprudencia usar ese término con personas que no conocen del programa. Ese incidente me hizo pensar en la incuestionabilidad que se ha generado de la figura materna. Se les ha dado un grado casi divino, pero a los defensores de esa visión les tengo malas noticias: las madres también son humanas. Cometen errores y muy graves. Tienen buenas intenciones pero estas no necesariamente las llevan a tomar buenas decisiones. En mi caso, no creo que sea malagradecido pero no puedo negar que mi mamá tuvo grandes fallas. Era comprensible, considerando la familia disfuncional de dónde provenía más las creencias imperantes de la época y lugar donde creció. Analizando todo eso, más bien pienso que me fue bien y me dio más de lo que tuvo.
Ya antes había comentado que mi mamá me frotaba los pies con gasolina para aliviarme un dolor que sufría con frecuencia. Una vez me dijo que se sentía mal de no haber contado con los medios necesarios para haberme dado un tratamiento más efectivo y menos peligroso. Además solo conocía eso y para ella era lo mejor porque era el tratamiento que se había usado siempre en su familia. Lo mismo aplica para mi crianza. Tampoco debo olvidar que es humana y tenía sus defectos de carácter terriblemente aumentados por su neurosis, que gozaba de un excelente caldo de cultivo por doquier. Lejos de criticarla, debo agradecerle el esfuerzo que hizo y como me pide la Quinta Tradición, prestarle mi ayuda como familiar de alcohólicos que es.
jueves, 2 de julio de 2015
¡Lo amo!
Una amiga sufría terriblemente porque su noviazgo tipo
Matusalén se estaba desmoronando. La relación desde mi perspectiva ya estaba
perdida desde hacía mucho tiempo. Lo que la sostenía, quizá desde sus albores,
no era amor sino un profundo egoísmo. Cada uno veía al otro como una posesión y
no se trataban con la consideración debida, cosa contraria al amor. Pese a las
bonitas muestras de afecto y el larguísimo tiempo que llevaban juntos, faltaba
lo que sustenta a una relación sana. Todo parecía muy lindo, pero era muy
superficial.
En los últimos días de ese noviazgo, me volví el paño de lágrimas de mi amiga
que había convertido a su pareja en el centro de su vida. Un día mientras
tomábamos café, trataba de darle ánimo porque no paraba de llorar. En medio de
sollozos me explicaba todo lo que significaba él para ella, y al final enfatizó
dramáticamente "¡Lo amo!". Unos años después leía que los que viven
cautivos en relaciones disfuncionales, usan esa frase para justificar su
adicción. Con esa exclamación sentí que quería convencerme y convencerse que
por el hecho de sentir lo que sentía (que no era amor, aunque ella lo
pensaba) debía mantenerse en una relación que claramente era perjudicial.
No se lo dije en ese momento, pero por comentarios que me hizo el novio, él
tuvo unas aventuras durante el tiempo que pidió que se dieran para estar solos.
Eso sí, él quería seguir el noviazgo. La costumbre y el negarse a
"perder" los mantenía encadenados.
Comprendía muy bien esa situación porque yo sé lo que es obsesionarse por
alguien. Desde luego ya he abandonado esa nociva actitud. Es claro para mí que
no puedo descuidarme por una relación enfermiza donde lo que predomina es el
egoísmo. Está bien olvidarse de uno mismo en función de un bien mayor,
pero no por algo que disminuye mi humanidad. Puedo tener una relación armónica
con una pareja sin que esto signifique que deba olvidarme de mí. Amar no
significa anularse, sino crecer juntos. Amar no son dos carencias que se unen
para consumirse, sino dos plenitudes que se unen para edificarse.
C.G.
