miércoles, 9 de agosto de 2017

Viaje de sanación



Les comparto esta historia escrita por Shirley B. de Alberta, Canadá para la revista The Forum de mayo de 2001:

Cuando empecé a ir a Al-Anon, para mí fue solo una salida nocturna, una oportunidad para estar con la gente. Hablaría de vez en cuando pero no de corazón. Como en muchas otras situaciones en mi vida, haría o diría lo que la gente esperaba de mí. Evadí la confrontación y todo marchaba sin complicaciones. Mantuve mis verdaderos sentimientos embotellados dentro de mí, donde me carcomían. Mi falso orgullo impidió que pidiera ayuda.

Al inicio de esa semana llegué a casa del trabajo porque tuve un ataque de pánico. En vez de llorar sola en mi casa, finalmente encontré el valor para llamar a otro miembro de mi grupo ¡Ella realmente fue una enviada de Dios! Habló y oró conmigo hasta que me calmé. Durante ese día y los otros que siguieron, esta miembro continuó llamándome para ver cómo estaba. Al fin tenía a alguien que sabía qué necesitaba - amor, aceptación y ayuda para restaurar mi fe.  

Mientras considera mi situación de esa tarde, recibí de Dios un maravilloso pensamiento. Me di cuenta de que si alguien estaba herido físicamente, más allá de mi capacidad para ayudarle, no dudaría en levantar el teléfono para llamar al “911”. Así que ¿Por qué dudé tanto para pedir ayuda cuando en mi vida pasaba algo difícil? 

Ese día hice mi llamada al “911” y empezó un viaje de sanación. De verdad le agradezco a Dios por el programa de Al-Anon y por toda la gente que está en él.

Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.

martes, 8 de agosto de 2017

La limonada de la abuela



Les comparto esta historia escrita por Jackie S. de Georgia para la revista The Forum de febrero de 1998:

Durante un reciente periodo de presión y angustia, comenté sobre mi tristeza y desánimo. De casualidad me escuchó mi nieto de 8 años y dijo "Abuela, recuerda lo que siempre me dices, si la vida te da limones, haz limonada". Le respondí "Tienes razón, pero creo que se me ha acabado el azúcar". . Sus pequeños brazos me rodearon y dijo "Entonces te voy a dar un poco". Plantó un beso en mi mejilla y de hecho la  vida fue más dulce. Una vez más se me recordó que el plan de Dios es apoyarnos los unos a los otros y cómo Al-Anon encaja en ese plan.

Hace siete meses me mudé de regreso a mi pueblo natal donde mi hija alcohólica vive. Llegué llena de ánimo y gran esperanza porque ella y yo habíamos disfrutado un año de madurez y paz en nuestra muy dañada relación. Por cuatro meses compartimos una dulce cercanía, antes de que recayera. De manera rápida y frenética, su regreso al alcohol resultó en tres arrestos, tres hospitalizaciones, dos intentos de suicidio en veinticuatro horas y el sacar a sus tres hijos de su casa.

Me aferré a mi cordura con las reuniones de Al-Anon, la literatura y mi creencia de que Dios estaba con nosotros, aunque no pareciera que fuera así. En lugar de permitir que el estado se llevara a mis nietos, mi otra hija y yo tomamos su custodia. Eso ha sido extremadamente difícil. Incluso aunque los amamos profundamente, el momento no pudo ser peor.

Lucho con la decisión de criar a mi nieto quien está teniendo su propia crisis nerviosa ¡Eso no es lo que había planeado para mi jubilación! Ocasionalmente el resentimiento aflora. Recordando todos esos años de mi propia auto-absorción, esto sorprendida y llena de gratitud hacia esta “abuelita en crecimiento”, que está ganando madurez y practicando el Paso Doce. En mi nuevo papel, he encontrado que las recompensas  son mucho más grandes que los desencantos y que realmente soy bendecida.

Con desprendimiento soy capaz de mantener la paz con mi hija. Si estoy tentada a pensar en “limones”, sonrío y recuerdo que tengo una fuente de dulzura muy cerca. 

Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.

lunes, 7 de agosto de 2017

Un cambio real



Les comparto esta historia escrita por Chris H. de Oregon para la revista The Forum de mayo de 2000:

En el hogar donde crec­í, aprendí a no confiar. No había nadie de quien pudiera depender, así que me resigné a estar solo. Me preguntaba "¿No es mejor estar solo que arriesgarse a ser lastimado?" Como resultado no tenía amigos y me sentía enojado y resentido la mayor parte del tiempo.

Llegué al programa de Al-Anon sintiéndome maltratado y agotado. Ya había aprendido la dura lección de que no tengo todas las respuestas. Ahora tenía que admitir que yo no era único, que había otra gente con problemas como los míos, y quizá la gente podría ayudarme.

A través de Al-Anon aprendí cómo amar, confiar y sentir nuevamente. Eso no sucedió de la noche a la mañana, pero gradualmente me fui volviendo más extrovertido, amistoso y seguro de mí mismo. Aprendí como tener contacto con los demás. Llegué a creer que exactamente cómo otros me ayudaron, yo también tenía algo valioso que dar.

Hoy amo mi vida. Mi grupo me confía una de las llaves de uno de uno de nuestros lugares de reunión. Incluso juego en un equipo de softball con gente que conocí en Al-Anon. Ahora tengo grandes amigos que tienen un abrazo para mí cuando necesito uno.

Al-Anon ha sido mi capullo. A través de la aceptación y amor de este programa, he encontrado el valor para expandir mis alas y convertirme por fuera en la hermosa persona que siempre fui por dentro. Al-Anon ha transformado mi vida. Con la ayuda de este programa, he renunciado a mi existencia solitaria y ahora llevo una vida más completa y satisfactoria.

Ya no soy una víctima de las circunstancias. Con la ayuda de un Poder Superior, puedo sacar provecho de cualquier situación simplemente manteniendo la atención  en mí y luchando por mejorar mis pensamientos, actitudes y comportamiento. Como mi padrino me dijo una vez, cambiando estas tres cosas, puedo cambiar lo que sea.

Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.