viernes, 20 de marzo de 2015

Soltar

Buscando algo sobre el soltar, un tema que no es necesario repetir lo importante que es para el progreso espiritual y la consecuente sanación interior, me encontré este poema.  Se llama Soltar (Letting Go) y estoy seguro que les va a gustar mucho.

Soltar no significa dejar de ser solidario, significa que no puedo hacer lo que le toca a otra persona.

Soltar no es aislarme, sino darme cuenta que no puedo controlar a otros.

Soltar no es ser permisivo, sino que los demás aprendan de las consecuencias naturales.

Soltar es admitir la impotencia, lo que significa que el resultado no está en mis manos.

Soltar no es tratar de cambiar o culpar a otro, es lograr lo mejor de mí mismo.

Soltar no es hacerse cargo,  sino interesarse.

Soltar no es arreglar, sino dar apoyo.

Soltar no es juzgar,   sino permitir que el otro sea un ser humano.

Soltar no es estar en el medio arreglando todos los resultados, sino permitir que otros construyan sus destinos.

Soltar no es ser protector, es permitir al otro que enfrente la realidad.

Soltar no es negar, es aceptar.

Soltar no es fastidiar, regañar o discutir,   sino en su lugar buscar mis propios defectos y corregirlos.

Soltar no es ajustar todo a mis deseos, sino tomar cada día como viene y durante él estimarme.

Soltar no es criticar o regular a nadie, sino tratar de convertirme en lo que sueño que puedo ser.

Soltar no es para lamentar el pasado, sino para crecer y vivir para el futuro.

Soltar es temer menos y amar más.

jueves, 19 de marzo de 2015

No todo tiempo pasado fue mejor

Escucho dentro y fuera de los grupos a compañeros mucho mayores que yo, hablar sobre la época en que estaban creciendo. Existían ideas que ahora consideraríamos atroces. Y la gente actuaba acorde a esas ideas porque era lo correcto. Tempranas, forzadas y traumáticas iniciaciones sexuales, explotación infantil, torturas, superstición y desestimulo para estudiar eran, junto con otras muchas barbaridades, el pan de cada día. Algunos los comentan hasta con jocosidad, otros todavía guardan dolor y resentimiento.

No voy a negar que tuve una niñez complicada y que me afectó (si no posiblemente nunca hubiera entrado a Al-Anon) pero las de mis papás fue mucho peor. Sus métodos de crianza no fueron los mejores, pero eran mejores que los que conocían y usaron con ellos. Debe tenerse en consideración que también ellos estaban muy afectados emocionalmente por sus familias y una sociedad que hoy se podría considerar barbárica. Si en esta época que consideramos muy moderna y en la que la gente cuenta con muchas ventajas para desarrollarse más equilibradamente a nivel emocional, hay tanta neurosis ¿Cómo sería antes?

Hoy mis padres lamentan las cosas que hicieron. Daban lo que podían y también creían conveniente. Eran el producto de una época muy limitada en muchos aspectos y además todos estábamos atrapados por la enfermedad familiar del alcoholismo lo que empeoró las cosas. Eso quedó atrás y lo que resta es, liberados por el perdón, seguir creciendo.

C.G.

martes, 17 de marzo de 2015

Instrumentos de Dios

Suele suceder que rehuimos del servicio por considerarnos inútiles. A medida que madura la de fe en el Poder Superior se llega a la convicción de que con su ayuda se pueden lograr grandes cosas.  Está bien reconocer nuestras limitaciones, pero no hay que olvidar que como parte de nuestro proceso de recuperación le pedimos cumplir su voluntad, o sea, le pedimos ser sus instrumentos y eso posiblemente supondrá hacer cosas para las que nos creemos incapaces. Dios no busca seres especiales para cumplir sus propósitos. Solo espera que mostremos disposición para ser capacitados por él, pero si empiezo con excusas nunca podre ser su instrumento. Eso equivale a nunca crecer.

 He conocido servidores muy comprometidos, líderes dentro de la hermandad que me han inspirado. Los he escuchado compartir como en un principio no se atrevían a dar servicio y al final se atrevieron e hicieron lo que creían que no podrían. Yo mismo me sorprendo al considerar las cosas que por la gracia de Dios he hecho. No se esperaba nada de mí y yo tampoco creía que fuera a lograr algo en la vida. Mi timidez era un obstáculo que parecía insalvable y que a todas luces me impediría hacer mucho por mí y mucho menos por los demás. Con lo que no contaba es que cuándo uno quiere ser parte del equipo de Dios, él nos ayuda para que logremos cosas maravillosas con el fin de que cumplamos sus designios.

 Dios nos ha elegido a todos para un propósito especial. Nada más está esperando que dejemos de dirigirnos a él para decirle "dame" o "ayúdame" y nos atrevamos a vencer nuestra falta de confianza en nosotros mismos o nuestra enfermiza comodidad para decirle "úsame".

 Él te necesita y te está llamando. Solo espera que le prestes atención y le respondas.


C.G.