domingo, 11 de septiembre de 2016

Aceptación y serenidad



No me ha sido fácil ir bajando mis expectativas acerca de lo que debería ser mi vida y la de las demás. Lo he ido logrando al aprender a ser más realista. La verdad es que hay cosas que no puedo ni debo cambiar por más que lo desee. Una de las cosas que más anhelaba cambiar era el comportamiento irracional de los demás. Me dolía y todavía me duele ver actitudes que considero inhumanas. Y más duele cuando son practicadas por gente que me es muy querida. Estoy convencido de que la razón de que los seres humanos estemos en este mundo es para vivir en armonía con nosotros mismos y con los demás. 

Ver tanta injusticia y ser víctima de ella no es agradable. Lo detesto. El egoísmo está muy arraigado en el corazón de mucha gente. Pero no puedo obligarla a cambiar. Puedo tratar de estimular un cambio en ella dando el ejemplo de una vida regida por buenos principios, y mostrando los maravillosos frutos que produce vivir como todas las personas estamos destinadas a vivir. Forzarla es además de inútil y desgastante, una falta de respeto al derecho que tiene cada persona de usar su libre albedrío para escoger su camino, aunque se dirija a un abismo. Bueno, también estoy en disposición de aceptar que el camino elegido por el otro, aunque no sea de mi gusto, lo lleve a un destino venturoso.

Una vez escuché a alguien decir que para Al-Anon la madurez, entre otras cosas implica vivir en paz con lo que no podemos cambiar. Es cierto que hay cosas que quisiera cambiar, pero he hecho las paces con lo inevitable. En este momento quisiera sanar el cáncer de una familiar, tener trabajo nuevamente, llevar a miles de personas a Al-Anon y muchas más cosas. Algunas sucederán, otras no. Le pido a Dios como yo lo concibo, el valor para cambiar lo que puedo y aceptar serenamente lo que no. 

domingo, 4 de septiembre de 2016

Despedido





 Tengo la impresión de que la mayoría de las personas tiende a considerar que perder su honestidad, su integridad o cualquier otro valor, no es tan grave como perder su trabajo. No sé si seré muy pesimista. Lo digo porque veo con mucha regularidad personas traicionando sus principios por mantener un empleo o un negocio. Claro que cómo está organizado este mundo, el dinero es importante. No lo niego, pero no debería ser más importante que nuestra calidad humana. La realidad es que para mucha gente sí lo es y lo justifica de muchas maneras. Es comprensible. De alguna forma tienen que acallar su conciencia.

Antes de entrar al programa, lo material estaba primero en mi lista de prioridades, aunque yo afirmaba lo contrario. Si bien es cierto no había sido muy dado a los lujos, estaba demasiado apegado a la seguridad económica. Mi mayor temor era perderla y por supuesto cuando la perdí por primera vez hace ya varios años, sentí que el mundo se me vino abajo. Pero era una ilusión. El mundo no se acabó y surgieron opciones muy interesantes. La adversidad me hizo ponerle atención a mi descuidada área espiritual, cosa que fue clave para vivir mejor y ordenar mis prioridades. Entonces lo espiritual se volvió prioritario.

El viernes anterior pasé otra vez por la experiencia de ser despedido. Gracias a la práctica del programa pude tomármelo con una profunda serenidad. Vi más dolor y desconcierto en mis compañeros al recibir la noticia. Hasta ese momento me di cuenta de la gran cantidad serenidad y fe que tenía almacenada a fuerza de hacer a diario los ejercicios espirituales que nos sugiere el programa. Acepté la situación y salí hasta optimista ¿Cómo no estar optimista si me he tomado seriamente lo de poner mi vida y voluntad en un Poder Superior? Y de verdad creo que es SUPERIOR, superior al odio, a la injusticia, a la enfermedad, a la calamidad, a todo. Ahora solo espero se abra el nuevo camino por el que me quiere llevar y, que cómo ya ha pasado antes, será de gran provecho para mi progreso en el camino hacia mi recuperación.

A diferencia de las otras dos ocasiones hoy puedo decir que, aunque no sé qué saldrá de esto, estoy seguro que será algo bueno.