La semana pasada se me dio la oportunidad de servir
llevando el mensaje a una reunión de aniversario. El tema lo dejaron a mi
elección y el primero que se me vino a la cabeza fue el anonimato espiritual.
Lo elegí por dos razones. La primera es el desconocimiento de este sentido del
anonimato que existe en los grupos, aunque en cada la reunión lo mencionamos y
reafirmamos que es nuestra base espiritual. La segunda es porque lo considero
la esencia del Programa ya que nos pide vivir de acuerdo a principios y que
dejemos atrás todas las actitudes enfermizas en que nuestra carga de basura
mental nos hace caer.
Fui muy vehemente y dije sin ambages que la raíz de la sanación está en
el cambio de actitudes. La recuperación se da en la medida de que estemos
dispuestos (una palabra muy mal comprendida) a hacer cambiar. También dije que
no era fácil porque nuestro ego se va a resistir, pero que no encontraba otra
forma de mejorar si no era haciendo cambios, aunque fuera de manera paulatina pero constante. Si nos daña hacer lo
incorrecto hay que hacer el esfuerzo por hacer lo correcto. ¿Y qué es lo correcto?
Es lo que dice el programa, no lo que creo yo. Eso es “principios por encima de
las personas”.
Después de mi intervención vino otra persona con un tema nuevo. En su exposición
aprovechó para comentar que mi tema podía asustar a nuevos prospectos por su
profundidad y que lo que yo decía se podía alcanzar poco a poco. No sé si
espanté a alguien. Lo que sí sé es que mi Poder Superior puso en mi corazón ese
tema y no hay manera suave de decir que para sanar debo estar dispuesto a
cambiar. Es algo que los nuevos deben
saber. El Programa es sencillo, pero requiere mucho trabajo por culpa de nuestros
trastornos. Se irá haciendo más fácil a medida que los superamos.
“Hazlo con calma, pero hazlo” dice nuestra literatura. No creo que
atraer signifique mostrar una condescendencia, que a fin de cuentas lo que
podría acarrear es un permanente aplazamiento del cambio porque el programa “es
poco a poco”. Tal vez esa idea pueda llenar nuestras salas, pero no las vidas
de los que lleguen.
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