jueves, 25 de octubre de 2018

El viaje de una madre hacia la recuperación


EL VIAJE DE UNA MADRE HACIA LA RECUPERACIÓN
Por Phyllis S., Oregon
The Forum

Mi hijo mayor sufrió el golpe violento de la ira, la confusión, la irritabilidad de la familia y todo lo que sucede en un hogar alcohólico. Lo recibió tanto de mí, su madre, como de su padre. Hoy en día es un adicto a las drogas y alcohólico activo muy enojado y confundido. Pero hay una ventaja en esta situación. A través del programa Al‑Anon, he podido reparar daños que le ocasioné y aceptarlo tal como es. A veces tengo que establecer límites y distanciarme de sus comportamientos inaceptables, pero puedo hacerlo con amor. Siento que he aprendido el verdadero significado del amor incondicional, y puedo experimentar una gran libertad personal al practicarlo.

Mi hijo y yo hemos soportado mucho juntos a través de los años. A pesar de que nuestras vidas han tomado caminos diferentes, lo que he aprendido en Al‑Anon nos ha dado una relación muy especial de madre e hijo, una relación por la cual estoy muy agradecida.

Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.

jueves, 18 de octubre de 2018

Es duro practicar el desprendimiento con amor -la lucha de una madre-

ES DURO PRACTICAR EL DESPRENDIMIENTO CON AMOR —LA LUCHA DE UNA MADRE—

Cheryl K. – Georgia
The Forum, abril de 2015

Corrí apresuradamente a las salas de Al-Anon cuando mis dos hijos adolescentes estaban en la cumbre de la enfermedad del alcoholismo. Yo estaba experimentando cuanta emoción existía, sin que al menos me culpara a mí misma por causar su enfermedad de alguna manera. La confusión en cuanto a ser padre de hijos menores de edad que estaban actuando contra la ley y contra sí mismos era una lucha constante para mí. Me sentaba en reuniones a escuchar a los miembros decir: «Quita la manos, deja que sufran sus propias consecuencias». El concepto del desprendimiento con amor era, para mí, uno de los conceptos de nuestro programa más difíciles de entender y practicar.

Llamarle a esto una paradoja hubiera sido poco para lo que en realidad representaba. Mi esposo y yo teníamos carreras en el ámbito jurídico, y el respeto a la ley siempre había sido un principio que tratamos de inculcar en nuestros hijos. Ahora, me enfrentaba no sólo a ver desaparecer los sueños que yo tenía para el futuro de ellos, sino también la posibilidad de que sus acciones nos arrastraran en todos los sentidos. La confusión emocional era a veces tan intensa que tenía que acordarme de respirar.

En las reuniones por fin pude acudir a los demás en busca de ayuda. Comencé a practicar los Pasos y la niebla comenzó a disiparse. En algún momento, me di cuenta de que mis hijos menores de edad habían comenzado a tomar decisiones adultas. Mientras miraba esa dura realidad, la próxima realidad se reveló sola. Si ellos estaban tomando decisiones adultas, entonces tendrían que sufrir las consecuencias como adultos. ¿Qué significaba esto para mí?

La respuesta para mí fue el Tercer Paso. La promesa era que yo podía confiarle mi voluntad, mi vida y la de ellos a Dios, según mi propio entendimiento de Él. Eso requirió mucho trabajo y mucha disciplina en la utilización de todos los instrumentos del programa. Ese trabajo finalmente me permitió apartarme del camino y dejar que mis hijos tomaran decisiones por sí mismos. La primera vez que le dije a uno de ellos que no le podía ayudar con una situación, sentí la fortaleza de un Poder que nunca había conocido.

El otro principio del programa que realmente me ayudó fue el Séptimo Concepto: «Los administradores (custodios) tienen derechos legales, mientras que los derechos de la Conferencia son tradicionales». Una de las historias de los miembros en el libro Senderos de recuperación (SB-24) sobre este Concepto hablaba de aprender sobre cuándo aún soy legalmente responsable de un hijo menor de edad y cuándo puedo practicar el desprendimiento. Para mí, fue claro: si yo sabía que iban a beber, no tendrían acceso a ningún carro. Incluso decidí que si alguna vez los sorprendía bebiendo y conduciendo, llamaría a la policía. Eso verdaderamente sucedió. Una vez más, sentí la fortaleza de un Poder superior a mí. Se me estaba devolviendo el sano juicio.

Aprender a amar a mis hijos alcohólicos con desprendimiento saludable ha sido uno de mis grandes dones —y un don que también les puedo obsequiar a ellos—.

Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.

lunes, 15 de octubre de 2018

Aprendí a confiar de nuevo

APRENDÍ A CONFIAR DE NUEVO
Greg W. – Minnesota
The Forum, febrero de 2015

Cuando yo era un niño que crecía en un hogar alcohólico, sufría una pesadilla recurrente. Una y otra vez, el sueño me despertaba aterrorizado.

En mi sueño, me asomaba por la ventana de mi habitación del segundo piso en la oscuridad de la noche. Mi padre se alejaba en su auto con una mujer extraña a quien yo no conocía. Mi madre salía corriendo por la puerta detrás de él y le gritaba: «Salte de ahí, salte de ahí». Las lágrimas me corrían por las mejillas y me ponía a temblar de miedo aún después de despertarme.

En el programa escuché a alguien decir: «Me despertaba el bullicio de un alcohólico y nunca más pude volver a dormir bien hasta que obtuve ayuda». Lo mismo también me sucedía a mí. Muchos años después, en Al-Anon encontré la ayuda que necesitaba.

Llegué a entender que el sueño se debía a que cada vez confiaba menos en las personas de las que dependía, a raíz del problema de alcoholismo que cada día se hacía más grande en nuestro hogar.

Poco a poco y sucesivamente, en Al-Anon aprendí que estaba bien volver a confiar. Al ir a las reuniones con regularidad, practicar los Doce Pasos y compartir con mi Padrino, descubrí tres cosas: Dios no estaba en mi contra, yo verdaderamente tenía mérito, y podía confiar en que otras personas escogidas no me hicieran daño. 
Mis amigos en Al-Anon no sólo prosperaban sino que crecían y desarrollaban hábitos de vida saludables. Me sentí atraído por eso y todavía me siento así en la actualidad.

En Al-Anon aprendí a confiar en Dios. Hice lo que me correspondía y les llevé el mensaje que me habían dado a mí a los que todavía estaban en dificultades. Todo esto me ayuda a confiar más y más.
Ahora duermo profunda y tranquilamente la mayor parte del tiempo. En Al-Anon compartimos hoy nuestros sueños quebrantados del pasado, para que eso quizás nos ayude a todos a confiar en nuestros sueños futuros para un mañana brillante y seguro.

Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Desperté a mi propia vida

DESPERTÉ A MI PROPIA VIDA.
Por Rosemarie B., Alberta
The Forum, junio de 2018

Siempre sentí que era una persona amorosa, pero a menudo vivía reaccionando a la vida en vez de respondiendo a ella.

Me preguntaba por qué no podía cambiar al alcohólico, así que trataba de esforzarme más. Me aseguraba de que la casa estuviese limpia y de que todas las comidas fueran deliciosas y estuvieran listas a tiempo. Me aseguraba de verme lo mejor que podía cuando salíamos juntos. Me obsesionaba con tratar de satisfacer las necesidades de otros. Durante algunos años, me sentí necesitada y apreciada, pero perdí algo en el camino: a mí misma.

El programa de Al-Anon se convirtió en un viaje de descubrimiento. Un amigo me preguntó una vez qué era lo que me gustaba hacer. Cada vez que pensaba en algo, me daba cuenta de que a mi esposo le gustaba hacer eso y yo había aprendido a que me gustara también. Comencé a preguntarme quién era realmente y qué era lo que me hacía feliz. Comencé a preguntarme si yo podía encontrar a esa persona feliz que una vez fue parte de mí. Comencé a hacer cosas que me complacieran a mí todos días. Por ejemplo, limpiaba la casa porque me gustaba tenerla limpia, no porque quería que otra persona se diera cuenta. Cocinaba una comida porque me gustaba disfrutarla. Iba a trabajar porque me gustaba hacer lo que hacía. Desperté a mi propia vida, y hoy en día acepto que soy magnífica solo por estar aquí.

Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.

domingo, 1 de abril de 2018

Me sentí bienvenida y querida


ME SENTÍ BIENVENIDA Y QUERIDA
Julie B. – Florida

The Forum
, octubre de 2017


Recuerdo el primer día de visita cuando mi hijo estaba en un centro de tratamiento. Él me sugirió que después de la visita asistiera a una reunión de Al-Anon. Esa fue realmente una invitación de mi Poder Superior a que diera ese gigantesco paso hacia adelante.

Recuerdo que escuché, lloré y abracé a los demás. Me atrajo algo que se dijo en esa reunión, algo que sentí, y volví a ir la próxima semana. Aquí estoy cinco años más tarde, y todavía sigo regresando por más. Nunca me imaginé que encontraría un lugar donde me sentiría tan bienvenida, tan querida, tan amada. La gente me animó a «seguir viniendo». Encontré un lugar donde aprendí todo sobre mí ―mis puntos fuertes, mis puntos débiles, mi valor, mi sentido del humor―.

Este programa es para mí. Aprendí a cuidar de mí y, al hacerlo, soy una mejor persona. La paz, la serenidad, la felicidad y el amor son palabras que utilizo hoy porque esas son palabras que encierran lo que soy.

Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.

Me di cuenta que no estoy sola

ME DI CUENTA QUE NO ESTOY SOLA
Ann M. – Florida
The Forum, diciembre de 2017

En mi primera reunión de Al-Anon me di cuenta de lo mucho que me había afectado el alcoholismo, aunque yo no bebía. Estaba tan enferma como mi novio alcohólico, quizá peor. Estaba obsesionada. Constantemente buscaba alcohol y lo derramaba cuando lo encontraba. No comía ni dormía, y estaba profundamente deprimida. Me sentía loca. Mi vida se había vuelto ingobernable.

Durante esa reunión, me di cuenta de que no estaba sola. Recuerdo estar sentada allí esa noche, al borde de la desesperación, cuando escuché a una mujer sollozando mientras compartía su experiencia. Yo podía sentir su dolor porque su historia reflejaba la mía. Me sorprendí al darme cuenta de que yo era esa mujer sollozante. Era mi voz compartiendo todo lo que yo había soportado. Nunca antes había oído hablar de Al-Anon y no sabía qué esperar esa noche. Entré a la misma sintiéndome devastada, pero salí sintiéndome aliviada porque sabía que no estaba sola. Me sentí aceptada, bienvenida y apoyada. Encontré la libertad.

Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.