viernes, 26 de octubre de 2018

Incluso frente a la ira


INCLUSO FRENTE A LA IRA
Mary M., Idaho
The Forum, octubre 2018

Cuando la persona que coordinaba anunció que el tema en la reunión de Al Anon del sábado por la mañana era el control, me senté en mi silla y me dije a mí misma que no necesitaba compartir ni prestar atención porque el control no era mi problema. ¿No era cierto que siempre he aceptado todos los deseos de mi esposo? Nunca intenté controlarlo. Lo que él quisiera me parecía bien. Yo había dejado de querer algo hace años. Simplemente no valía la pena el esfuerzo en mi matrimonio porque cada vez que trataba de pedir lo que quería o incluso hablaba de un libro que estaba leyendo o de una historia divertida en el trabajo, mi esposo comenzaba a gritarme o menospreciarme y ridiculizarme por mis sentimientos.

Pero por una razón que no pude entender, al principio de esa reunión, la reunión a la que no tuve que prestarle atención, comencé a llorar de manera incontrolable. Una amiga estaba sentado a mi lado y me seguía poniendo pañuelos en la mano porque lloraba mucho. En los últimos minutos antes de que terminara la reunión, finalmente compartí. En medio de lágrimas, dije que no entendía. Dije que nunca intenté controlar a mi marido. Él siempre podía hacer lo que quisiera. Nunca traté de obligarlo a que hiciera algo ¡Estaba tan confundida!

Después de la reunión, otra amiga vino a abrazarme y dijo algo que finalmente me ayudó a aclarar mi confusión. Ella dijo que solía tratar de calmar a todos en su casa para que su hijo alcohólico adulto no bebiera. En Al Anon se dio cuenta de lo inútil que era esto. Su hijo iba a beber sin importar cuán pacífica fuera la casa porque era alcohólico. Finalmente llegué a comprender que había estado haciendo lo mismo en mi matrimonio: tratar de controlar la ira de mi esposo al estar siempre de acuerdo con él y nunca querer nada para mí. Continué haciendo esto, a pesar de que su consumo de alcohol y su ira habían empeorado a medida que pasaban los años. Poco a poco comencé a dejar de vivir con el temor de cómo reaccionaría mi esposo. No podía controlar la ira de mi marido más de lo que podía controlar su consumo de alcohol. Aprendí a hacer lo que era correcto para mí.

Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.

jueves, 25 de octubre de 2018

El viaje de una madre hacia la recuperación


EL VIAJE DE UNA MADRE HACIA LA RECUPERACIÓN
Por Phyllis S., Oregon
The Forum

Mi hijo mayor sufrió el golpe violento de la ira, la confusión, la irritabilidad de la familia y todo lo que sucede en un hogar alcohólico. Lo recibió tanto de mí, su madre, como de su padre. Hoy en día es un adicto a las drogas y alcohólico activo muy enojado y confundido. Pero hay una ventaja en esta situación. A través del programa Al‑Anon, he podido reparar daños que le ocasioné y aceptarlo tal como es. A veces tengo que establecer límites y distanciarme de sus comportamientos inaceptables, pero puedo hacerlo con amor. Siento que he aprendido el verdadero significado del amor incondicional, y puedo experimentar una gran libertad personal al practicarlo.

Mi hijo y yo hemos soportado mucho juntos a través de los años. A pesar de que nuestras vidas han tomado caminos diferentes, lo que he aprendido en Al‑Anon nos ha dado una relación muy especial de madre e hijo, una relación por la cual estoy muy agradecida.

Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.

jueves, 18 de octubre de 2018

Es duro practicar el desprendimiento con amor -la lucha de una madre-

ES DURO PRACTICAR EL DESPRENDIMIENTO CON AMOR —LA LUCHA DE UNA MADRE—

Cheryl K. – Georgia
The Forum, abril de 2015

Corrí apresuradamente a las salas de Al-Anon cuando mis dos hijos adolescentes estaban en la cumbre de la enfermedad del alcoholismo. Yo estaba experimentando cuanta emoción existía, sin que al menos me culpara a mí misma por causar su enfermedad de alguna manera. La confusión en cuanto a ser padre de hijos menores de edad que estaban actuando contra la ley y contra sí mismos era una lucha constante para mí. Me sentaba en reuniones a escuchar a los miembros decir: «Quita la manos, deja que sufran sus propias consecuencias». El concepto del desprendimiento con amor era, para mí, uno de los conceptos de nuestro programa más difíciles de entender y practicar.

Llamarle a esto una paradoja hubiera sido poco para lo que en realidad representaba. Mi esposo y yo teníamos carreras en el ámbito jurídico, y el respeto a la ley siempre había sido un principio que tratamos de inculcar en nuestros hijos. Ahora, me enfrentaba no sólo a ver desaparecer los sueños que yo tenía para el futuro de ellos, sino también la posibilidad de que sus acciones nos arrastraran en todos los sentidos. La confusión emocional era a veces tan intensa que tenía que acordarme de respirar.

En las reuniones por fin pude acudir a los demás en busca de ayuda. Comencé a practicar los Pasos y la niebla comenzó a disiparse. En algún momento, me di cuenta de que mis hijos menores de edad habían comenzado a tomar decisiones adultas. Mientras miraba esa dura realidad, la próxima realidad se reveló sola. Si ellos estaban tomando decisiones adultas, entonces tendrían que sufrir las consecuencias como adultos. ¿Qué significaba esto para mí?

La respuesta para mí fue el Tercer Paso. La promesa era que yo podía confiarle mi voluntad, mi vida y la de ellos a Dios, según mi propio entendimiento de Él. Eso requirió mucho trabajo y mucha disciplina en la utilización de todos los instrumentos del programa. Ese trabajo finalmente me permitió apartarme del camino y dejar que mis hijos tomaran decisiones por sí mismos. La primera vez que le dije a uno de ellos que no le podía ayudar con una situación, sentí la fortaleza de un Poder que nunca había conocido.

El otro principio del programa que realmente me ayudó fue el Séptimo Concepto: «Los administradores (custodios) tienen derechos legales, mientras que los derechos de la Conferencia son tradicionales». Una de las historias de los miembros en el libro Senderos de recuperación (SB-24) sobre este Concepto hablaba de aprender sobre cuándo aún soy legalmente responsable de un hijo menor de edad y cuándo puedo practicar el desprendimiento. Para mí, fue claro: si yo sabía que iban a beber, no tendrían acceso a ningún carro. Incluso decidí que si alguna vez los sorprendía bebiendo y conduciendo, llamaría a la policía. Eso verdaderamente sucedió. Una vez más, sentí la fortaleza de un Poder superior a mí. Se me estaba devolviendo el sano juicio.

Aprender a amar a mis hijos alcohólicos con desprendimiento saludable ha sido uno de mis grandes dones —y un don que también les puedo obsequiar a ellos—.

Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.

lunes, 15 de octubre de 2018

Aprendí a confiar de nuevo

APRENDÍ A CONFIAR DE NUEVO
Greg W. – Minnesota
The Forum, febrero de 2015

Cuando yo era un niño que crecía en un hogar alcohólico, sufría una pesadilla recurrente. Una y otra vez, el sueño me despertaba aterrorizado.

En mi sueño, me asomaba por la ventana de mi habitación del segundo piso en la oscuridad de la noche. Mi padre se alejaba en su auto con una mujer extraña a quien yo no conocía. Mi madre salía corriendo por la puerta detrás de él y le gritaba: «Salte de ahí, salte de ahí». Las lágrimas me corrían por las mejillas y me ponía a temblar de miedo aún después de despertarme.

En el programa escuché a alguien decir: «Me despertaba el bullicio de un alcohólico y nunca más pude volver a dormir bien hasta que obtuve ayuda». Lo mismo también me sucedía a mí. Muchos años después, en Al-Anon encontré la ayuda que necesitaba.

Llegué a entender que el sueño se debía a que cada vez confiaba menos en las personas de las que dependía, a raíz del problema de alcoholismo que cada día se hacía más grande en nuestro hogar.

Poco a poco y sucesivamente, en Al-Anon aprendí que estaba bien volver a confiar. Al ir a las reuniones con regularidad, practicar los Doce Pasos y compartir con mi Padrino, descubrí tres cosas: Dios no estaba en mi contra, yo verdaderamente tenía mérito, y podía confiar en que otras personas escogidas no me hicieran daño. 
Mis amigos en Al-Anon no sólo prosperaban sino que crecían y desarrollaban hábitos de vida saludables. Me sentí atraído por eso y todavía me siento así en la actualidad.

En Al-Anon aprendí a confiar en Dios. Hice lo que me correspondía y les llevé el mensaje que me habían dado a mí a los que todavía estaban en dificultades. Todo esto me ayuda a confiar más y más.
Ahora duermo profunda y tranquilamente la mayor parte del tiempo. En Al-Anon compartimos hoy nuestros sueños quebrantados del pasado, para que eso quizás nos ayude a todos a confiar en nuestros sueños futuros para un mañana brillante y seguro.

Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Desperté a mi propia vida

DESPERTÉ A MI PROPIA VIDA.
Por Rosemarie B., Alberta
The Forum, junio de 2018

Siempre sentí que era una persona amorosa, pero a menudo vivía reaccionando a la vida en vez de respondiendo a ella.

Me preguntaba por qué no podía cambiar al alcohólico, así que trataba de esforzarme más. Me aseguraba de que la casa estuviese limpia y de que todas las comidas fueran deliciosas y estuvieran listas a tiempo. Me aseguraba de verme lo mejor que podía cuando salíamos juntos. Me obsesionaba con tratar de satisfacer las necesidades de otros. Durante algunos años, me sentí necesitada y apreciada, pero perdí algo en el camino: a mí misma.

El programa de Al-Anon se convirtió en un viaje de descubrimiento. Un amigo me preguntó una vez qué era lo que me gustaba hacer. Cada vez que pensaba en algo, me daba cuenta de que a mi esposo le gustaba hacer eso y yo había aprendido a que me gustara también. Comencé a preguntarme quién era realmente y qué era lo que me hacía feliz. Comencé a preguntarme si yo podía encontrar a esa persona feliz que una vez fue parte de mí. Comencé a hacer cosas que me complacieran a mí todos días. Por ejemplo, limpiaba la casa porque me gustaba tenerla limpia, no porque quería que otra persona se diera cuenta. Cocinaba una comida porque me gustaba disfrutarla. Iba a trabajar porque me gustaba hacer lo que hacía. Desperté a mi propia vida, y hoy en día acepto que soy magnífica solo por estar aquí.

Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.