domingo, 22 de enero de 2017

Alejarse con amor



Les comparto esta historia escrita por David S., de Florida para la revista The Forum de agosto de 2001:

Me presenté a la puerta de  Al-Anon un mes después de que mi esposa y yo nos separamos. Antes había ido una vez pero ella expresó su desencanto por hacerlo. 

Cuando me encontré con la que sería mi adorable esposa, me dijo que estaba en un programa de desintoxicación. Aunque ella ya no bebía, no estuvo en un programa de Doce Pasos. Como soy no bebedor, no sabía nada de eso. Pensé que era como dejar de fumar; cuando lo haces, tus pulmones se limpian también. Después de un rápido cortejo a larga distancia, nos casamos. Pronto me di cuenta que había una gran diferencia entre dejar de beber y ser sobrio.

No éramos recién casados jóvenes; yo tenía 49 y ella 44. Supuse que podría arreglar ese problema de doble personalidad suyo. Los cambios de humor fueron claramente súbitos. Me vi envuelto en discusiones y no sabía cómo llegué a eso. Toda mi vida había sido una persona no confrontativa. Por supuesto, sin Al-Anon nunca hubiera sabido sobre esta enfermedad diabólica.

No fue una gran crisis la que me llevó a la decisión de irme, aunque había perdido peso, me volví nervioso y hasta desarrollé un tartamudeo. Una mañana simplemente dije "ya no puedo seguir con esto".

Nuestro matrimonio duró solo 14 meses. Estaba devastado por este fracaso. Todavía amo a esa dama. Fue Al-Anon quien me enseñó a amar la persona pero odiar la enfermedad.

Me alejé del matrimonio que quería tan profundamente. Dondequiera que ella esté, oro porque se encuentre bien. Mi paz y serenidad van y vienen, pero mi programa siempre está ahí. Lo trabajo como muchos, un día a la vez.

 Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.

martes, 17 de enero de 2017

Al-Anon me mantiene sensata





Les comparto esta historia escrita por Diane B., de Michigan para la revista The Forum de julio de 1997:

Después de compartir con miembros de Al-Anon sobre mi confusión marital, salía de las reuniones sintiendo que valía algo. Me dije "Valgo algo ¡Soy una preciosa hija de Dios, merecedora de recuperación!" Cuando mi esposo le dio una vez más la espalda a la recuperación en los tres meses de nuestra última reconciliación, un amigo de Al-Anon sugirió que no tomara apresuradamente decisiones importantes sobre mi matrimonio.

Después de mucha oración y meditación, trabajando los pasos con mi  mayor habilidad y yendo a muchas reuniones, llegué a la conclusión de que estaba enferma y cansada de estar enferma y cansada. Merecía más que la pobre manera que me permití a mí misma tratarme. Como lo veía, no iba a renunciar a mi matrimonio, si me mantenía en esa relación caótica estaría renunciando a mí misma. No fallé. No habría decidido divorciarme de mi marido sino de su enfermedad.

No recomiendo el divorcio a miembros de Al-Anon cuyos atribulados matrimonios me recuerden el mío. Debo admitir que hay momentos en que estoy tentada a preguntar "¿Por qué eliges estar en una vida turbulenta?" Pero sé que una separación completa no es para todos. Fue una gran lucha para mí escoger el camino que tomé para abrir un nuevo capítulo en mi vida.

Mi ex-marido me dijo después de que terminara nuestro divorcio "¡Ahora ya no tienes que volver a Al-Anon nunca más!" Eso me demostró que nunca entendió de lo que se trata el programa. Al-Anon me mantiene sensata. Continúo asistiendo y así puedo aprender, crecer, recuperarme, servir, escuchar y compartir mi experiencia, fortaleza y esperanza. Incluso continúo cometiendo errores. Después de todo, mi meta es progreso, no perfección. Sigo orando por él, que se aferre a su programa de recuperación para que así también pueda experimentar la serenidad. 

Después de siete años de estar en Al-Anon y casi dos de estar soltera, estoy aprendiendo que soy la única persona responsable de mi felicidad.

Reimpreso con la autorización de The Forum, Al-Anon Family Groups Hdqs., Inc., Virginia Beach, VA.

lunes, 16 de enero de 2017

Me gusta ser cómo soy



Sobre el escritorio de mi casa tengo un medallón que en una cara lleva inscrito "Libertad de ser yo" y en la otra "Se fiel a ti mismo". Cumplir con las expectativas de los demás fue el cimiento de mi formación o mejor dicho deformación. Hasta hacer lo correcto se me enseñaba en función de encajar y mucho mejor si recibía el aplauso de los demás. Tenía que convertirme en lo que esperaban los demás y mostrar esa apariencia de bueno. Importaba poco si lo hacía por convicción propia mientras cumpliera con mi rol para no quedar mal ante los otros, ni hacer quedar mal a la familia.

Aprendí cosas buenas por las razones equivocadas. Al practicarlas por esas razones, fui disminuyéndome espiritualmente y acrecenté mi ego, hambriento de aprobación. Inevitablemente me convertía en esclavo de la opinión de los demás. La crítica me hacía sentir miserable. Si sentía que no quedaba bien hasta en las cuestiones más tontas, me consideraba obligado a borrar esa mala imagen. Si era necesario culpaba a otros para evadir mi responsabilidad. Mi búsqueda de la felicidad me estaba volviendo infeliz. 

Si bien es cierto debo tener en consideración a los otros porque no soy una isla, eso no quiere decir viva subyugado. Pienso en la Cuarta Tradición que nos invita a ser autónomos sin salirnos de un sano orden establecido. Puedo disfrutar de mi individualidad. Tal vez estar tanto tiempo esclavizados nos dificulte acostumbrarnos a la libertad. Pero vinimos al mundo a ser libres y vivir de acuerdo a esa vocación, y por eso me libero de las exigencias irracionales de los demás y a ellos los libero de las mías.