domingo, 20 de septiembre de 2015

No me gusta equivocarme

Había escrito meses atrás que, aunque sigo fallando, si bien es cierto no puedo dejar desaliento tampoco me dejo hundir en la depresión ni sentirme un bueno para nada. He andado algo desalentado por unos errores recientes debido a mi desconocimiento y descuido. Igual que a un A.A. le molesta más una recaída porque tiene conocimiento del programa, me produce más escozor emocional recaer en los defectos de carácter sabiendo lo que sé de los principios espirituales.  

 Senderos de Recuperación nos dice “Es probable que ocurran recaídas durante momentos de tensión, cuando es natural retroceder hacia comportamientos antiguos de defensa. La recuperación no nos cura de toda imperfección humana ni elimina todo el dolor de nuestras vidas.". Todas las personas estamos propensas a fallar. A todas las personas les concedo eso y no me atrevo a poner un pedestal a nadie. Comprendo la falibilidad humana. Es algo con lo que tenemos que convivir y a lo que hay que enfrentar continuamente. 

Como hijo adulto de alcohólico tengo una fuerte inclinación a sentirme culpable y en el tema de la responsabilidad, soy de los que les da por ser muy responsables. Eso aumenta más la frustración de no haber cumplido con mi deber. ¡Y ni qué decir del volver a experimentar la punzante vergüenza, del volverse a sentir inadecuado, de la espera de un severo castigo! Al menos, a diferencia de mi época pre-programa, ahora sí cuento con herramientas efectivas para enfrentar una neurosis que, aunque atenuada, nunca pierde la oportunidad de intentar hacerme caer.

Debo ser comprensivo conmigo mismo igual que soy comprensivo con los demás. He cometido fallas y seguiré equivocándome. Lo que me queda es mantenerme detectando, admitiendo y corrigiendo. No podré librarme de los errores, pero si puedo disponerme a reducir su frecuencia y gravedad.

C.G.

martes, 15 de septiembre de 2015

Día de la Independencia



Hay un recuerdo de mi adolescencia que siempre me vuelve en el mes de setiembre. Mi profesora de Español me pidió escribir un discurso para el Día de la Independencia, a lo cual accedí con gusto. Decidí escribir uno que en parte criticara una serie de vicios en lo que había caído mi país y de los que teníamos que librarnos. Ser libres no era solo gozar de la independencia de otro país sino librarnos de males internos que nos destruían y esclavizaban. Mi profesora me buscó alarmada y me dijo que ese tema era inapropiado, así que tuve que escribir uno más benigno que sí recibió su aprobación y hasta fui felicitado. 

Es irónico que celebrando la libertad me impidieran hacer uso de ella. No le di mayor importancia pero ahora comprendo que ese tipo de hechos fueron los que me volvieron complaciente. Renunciaba a mis convicciones para mendigar aceptación y aprobación. Así fui perdiendo mi independencia emocional y desarrollando miedo a la libertad. Cuando uno vive tanto tiempo dependiente de la luz de demás, desconfía de su propia luz. Hasta en mi país hubo miedo cuando nos dijeron que éramos independientes, al punto que se pensó en anexarnos a México y hubo una lucha interna entre independentistas y anexionistas. 

Ser libre y asumir las responsabilidades de serlo, atemoriza a muchos que prefieren vivir sumisos a un tirano. Muchos se resignan a vivir en una jaula, que aunque la adornen como quieran, siempre será una jaula.  No nacimos para ser esclavos. En la medida que nos liberamos para alcanzar nuestra plenitud que siempre va en dirección hacia un bien mayor, seremos felices y haremos un mundo mejor.

jueves, 10 de septiembre de 2015

La gente sencillamente no cambia ¿O sí?

Les comparto esta publicación del blog "Letting Go", perteneciente a una miembro de Al-Anon:

Tuvimos una reunión esta semana con el propietario de la empresa que nos estaba contando sus planes de reorganización. Dijo algo que me hizo sentir ganas de levantar la mano y objetar. Dijo que "la gente sencillamente no cambia".

Yo quería decir "las personas no cambian a menos que quieran", pero no creí que una reunión de ventas fuera  el lugar para hablar de eso. A veces la gente incluso cambia cuando no quiere. Las circunstancias de la vida te pueden obligar a levantarte y ser más valiente, como nunca imaginaste podrías ser.
A veces te sientes como que tienes que huir aunque el camino elegido es difícil. No estás dispuesto a escuchar razones y algo en tu interior tiene que hacer un cambio sin importar las consecuencias. Sé que funcionará, no importa lo que sea.

En mi propia vida he estado muy obligada a cambiar. Tengo una tendencia a permanecer demasiado tiempo en mis relaciones, ya sean personales o profesionales. Mi mente analítica calcula el tiempo invertido, mientras teme que no haya nada mejor allá afuera. Esta idea, junto con la esperanza de que la otra persona o empresa de alguna manera mágica cambie, me mantiene atascada.

Cuando me decidí dejar mi negocio y tomar un nuevo trabajo con una compañía, fue la primera vez que hacía un cambio a la primera. Por supuesto que pasé un par de años de estancamiento antes de dar el salto. Si lees mi blog, sabrás que no fue una transición fácil para mí. Me sentí como si me hubieran enviado al campo de entrenamiento, excepto que sin alguien que me dijera lo que tenía que hacer.

Me siento orgullosa de mí misma por haber dado el salto y sobrevivir. Realmente he aprendido mucho y ahora tengo los recursos que necesito para hacer muchos negocios como quiero hacerlos, sin ser muy controlada.
Así que estoy aquí para decir que todos pueden cambiar. Si te despiertas infeliz casi todos los días, es probable que sea hora de hacer algún tipo de cambio. Incluso si es uno pequeño, será el inicio de algo grande.

No esperes una gran cantidad de apoyo de otras personas cuando empiece a hacer cambios, ya que trastornas su idea de ti. Nos encasillamos unos a otros en nuestras mentes, cosa que nos hace sentir bien porque pensamos que realmente conocemos a los demás. Si cambian, pensamos que estábamos equivocados y cuestionamos nuestro juicio sobre ellos y todo lo demás.

Desde que he experimentado tantos cambios, aprendí a no aferrarme demasiado fuerte a nada ni a nadie. Trato de disfrutar de lo que está sucediendo ahora y de aceptar que todo siempre está cambiando, incluso si no puedo verlo a simple vista. Así es la vida y aferrarse solamente nos desgasta.

Hacer cambios para ser más felices es siempre una buena opción. A veces los pequeños cambios son suficientes para hacer nuestros días más ligeros, y podemos ser más cariñosos con las personas que nos aman.

martes, 8 de septiembre de 2015

Hija, te amo lo suficiente como para soltarte


Les comparto esta carta que escribió Janie H., y que fue publicada en la revista The Forum de marzo del 2013.

Mi querida hija:

Me pediste que escribiera una carta declarando el impacto que tu adicción al alcohol ha tenido en mí. Es una cuestión que me ha dado mucho en qué pensar.

Yo vivía con miedo, día y noche: miedo de que morirías, de que era mi culpa y de que te había fallado como madre. Viví con ira. Estaba enojada porque mi confianza fue violada.

Me sentía impotente ante la mentira y el robo. Me sentí utilizada  y traicionada. Me culpaba a mí misma por seguir rescatándote financieramente y por continuar siendo permisiva contigo.

Mi mayor impacto, sin embargo, fue unirme a Al-Anon y comenzar mi propia recuperación. Me 
enteré de que la adicción es una enfermedad familiar. Ahora me doy cuenta de que mi 
recuperación va a continuar "un día a la vez", para el resto de  esta vida. Sé que he sido 
parte del problema, y ahora me doy cuenta de que tengo opciones.

Un día, cuando me sentía asustada, enojada, confundida y desamparada por tu adicción, tuve un 
despertar espiritual. Estaba caminando hacia el trabajo una mañana y vi las manos de Dios, grandes y suaves, que te sujetaban y te  mantenían cerca de él. "Ella está a salvo en mis manos." Entonces me puse en sus manos y te solté. Después de todo, yo no soy Dios. Ya era hora de que dejara de tratar de jugar un papel tan elevado.

Desde entonces, he decidido solo amarte y permitirte tomar tus propias decisiones. Estoy aprendiendo a responder en lugar de reaccionar. Estoy aprendiendo a "hacer una pausa", "pensar", "mantener la mente abierta", "soltar las  riendas y dejárselas a Dios" y a "que empiece por mí". Estoy cuidando de mí, pensando en mis cosas y dejando que los demás se encarguen de ellos mismos. En especial presto atención a buscar "progreso, no perfección."

Acabo de pasar  un año en Al-Anon. Eso salvó mi vida y me trajo cordura y serenidad. Sé que tengo que hacer las paces contigo. Pero, independientemente de las decisiones que tomes, siempre te amaré. Siempre lo hago y siempre lo haré.  Te honro como mi hija y como hija del Dios de tu entendimiento, y sé qué haces lo mejor que puedes, tal y como yo lo hago. Agradezco que estés en mi vida. Eres hermosa, inteligente, creativa, amable y compasiva.

Te ama mucho y siempre,

Mamá.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Agrandando problemas


Me siento muy alegre de haber obtenido una visión más realista y clara de la vida, lo que ha redundado en vivirla con más serenidad. Cuando comparto en el grupo cómo veía antes las cosas y cómo las veo ahora, me doy cuenta de la gran transformación que se ha operado en mí. Antes mi ansiedad me hacía propenso al alarmismo y la paranoia, porque me llenaba de fantasías fatalistas y sobredimensionaba las dificultades. Ver la realidad tal cual es y el practicar la fe en un Poder Superior, ha ido arrancándome mis "gafas catastróficas". Mi tendencia de esperar lo peor, se ha ido convirtiendo en una tendencia a esperar lo mejor.

Desdichadamente lo normal es reaccionar y no razonar.  Es común que la gente se sobresalte sin tener mayor evidencia de que la situación que enfrentan sea tan grande como su reacción.  Empieza a suponer lo peor y agranda el problema a tal punto que lo convierte en un desastre. La gente termina haciendo el problema a la medida de su neurosis.

Una mañana me desperté sintiendo algo en el estómago que me producía un dolor punzante. La piel se me había enrojecido, pero en ese momento no le di mayor importancia porque el dolor era superficial. Al pasar el tiempo sentía ese algo irse haciendo más grande, y el dolor aumentaba. Estaba convencido de que era un quiste, en consecuencia, significaba ir al médico quien, lo más lógico, me enviaría al quirófano. Esa idea me llenó de gran preocupación y decidí presionar fuertemente esa área para determinar qué tan grande era el quiste y que tanto daño me estaba haciendo. La presión reveló lo que era realmente: una espinilla. Ese es solo un ejemplo de cómo mi mente se había acostumbrado a magnificar las dificultades, hasta que aprendí a pensar correctamente y ver más allá de mi ofuscación.
 
C.G.

jueves, 3 de septiembre de 2015

"Ofrézcale una cerveza".

Mi papá llevaba ya muchos años de no beber y cuando una de sus hermanas le dijo a uno de mis primos "¡Ofrézcale una cerveza!", se me crisparon los nervios. Como que por un momento se abrió paso con mucha vividez, el recuerdo de una pesadilla que yo daba por muerta y bien enterrada. Pero también me sobrecogió la frialdad de mi  familiar que a todas luces lo que quería era causar daño. No era la primera vez. La diferencia con respecto a ocasiones anteriores es que el nivel de daño hubiera sido gigantesco porque, y ella bien lo sabía, ese trago podía reiniciar la compulsión de mi papá. No debía sorprenderme porque ella misma y su familia estaban hundidos en una pesadilla, que no tenía nada que ver con el alcoholismo pero para nada  menos temible, y era de esperarse que su alma enferma quisiera contagiar el dolor que la apresaba.  Por prudencia nos alejamos de ella cuando ese mismo dolor traducido en ira, se convirtió en ataques más directos y violentos contra nosotros. No se podía esperar otra cosa de alguien con semejante nivel de deformación interior. Comprenderla me facilita al día de hoy no guardar resentimiento y recordarla con mucha compasión.

A lo largo de mi vida mucha gente me ha causado perjuicios. Algunos de ellos jamás me hubiera imaginado que se atreverían a hacerlo. Eran personas muy dañadas a quienes perdoné, incluso antes de saber lo que era verdaderamente el perdón. Cuando no lo sabía, llegué a sentir culpabilidad porque creí que no lo había hecho, pero sí lo hice. En mi niñez/adolescencia me sorprendía en especial que los adultos, quienes se suponía sabían lo que hacían, actuaran irracionalmente dañándose y dañando a otros.  Asumía erróneamente que la madurez emocional no podía ir por detrás de la madurez física, muchísimo menos en la gente que era calificada como "mejor". De haber sabido lo que sé ahora, no habría permitido que sus insolencias sembraran enemistad en mi corazón. Hoy los perdono. No sabían lo que hacían. Lo bueno es que yo sí sé lo que hago, y tengo mejores posibilidades de evitar las mortales trampas del ego en las que esas personas cayeron y siguen cayendo.

martes, 1 de septiembre de 2015

Libre de cargas innecesarias

Quiero andar por la vida con la carga que estrictamente mi responsabilidad me imponga. Ya he cargado con mucho peso inútil que ha sido parte del lastre que no me permitía desarrollarme como mi Poder Superior esperaba. Eran cargas  que llevaba por "buena gente", aunque en realidad no era bueno porque me motivaba el miedo y la búsqueda de reconocimiento. Estaba actuando irresponsablemente por lo tanto también contribuyendo a empeorar el mundo en vez de mejorarlo, como creía. Un sacrificio es convertir una cosa en algo mejor y esas tareas estériles no calificaban como sacrificios. Califican como desperdicios de tiempo y energía que no lamento del todo porque me han servido de experiencia para ser más prudente y juicioso.

Ayer escuché decir que la neurosis es la enfermedad de un espíritu que ha perdido el rumbo. Coincide con lo que he vivido o sea que al no seguir el camino que tengo que seguir, al no dedicarme a hacer lo que tengo que hacer, me he llenado de un gran sufrimiento emocional y mi desarrollo como persona se ha visto limitado. La recuperación es retomar ese camino y actuar de acuerdo a nuestra verdadera naturaleza. El volver al camino correcto me ha quitado un enorme peso de encima. He comprobado que entre más uno se va a abriendo al camino espiritual, es decir entre más se va actuando como un ser humano pleno, más liviano se anda por la vida. No quiero perder esta sensación de andar con liviandad y anhelo que cada vez más gente decida lanzar sus tristes cargas y se dediquen a vivir de verdad.