martes, 10 de febrero de 2015

Perdonar puede ser difícil

El dolor y el enojo que produce las faltas que hayan cometido contra nosotros pueden ser tan intensos que dificultan perdonar. Que nos  pidan ver ciertos eventos pasados sin sentir escozor emocional cuando nos han sacudido profundamente,  puede antojársenos hasta ofensivo. ¿No es sensato sentirme mal y compensarlo deseando, y si es posible  procurando la desgracia de quien me ha dañado? A fin de cuentas soy la víctima. No puedo dejar que el otro se salga con la suya. Todo lo contrario. Estoy dejando que el otro se salga con la suya prolongando la tortura que produce el resentimiento y vengarme va a empeorarlo. Ni que decir lo absurdo, aunque ya de por sí lo es, todo esto si mi resentimiento es contra alguien que no quiso hacerme daño o si la ofensa es solo producto de mi imaginación enferma por el ego.

Lo complicado que pueda resultarnos el perdón no es una excusa para no practicarlo. Aunque nos   signifique  mucho tiempo y esfuerzo, hay que llevarlo a cabo para liberarnos de un peso que además de  incómodo, nos incapacita para alcanzar la tan anhelada recuperación. Si no perdonamos, nos convertimos  en cómplices de aquellos por los que sentimos aversión. Perdonar no es minimizar el daño, ni excusar al que nos lo ha causado, ni una obligación de buscar la reconciliación sino tomarme un antídoto contra la ponzoña que me está robando la vida.

lunes, 9 de febrero de 2015

Al-Anon en todas partes

La práctica del Programa ha probado su efectividad en todas partes. No puedo ser selectivo en el ámbito en que voy a aplicar los principios que lo componen. Muy sabiamente el Duodécimo Paso nos pide practicarlos en todos nuestros actos. Así todos nuestros actos serán hechos con amor y el actuar con amor trae grandes recompensas.  Amar es el fin último del Programa y es la evidencia más palpable de la recuperación de nuestro ser, porque somos Amor. La prueba de esto es que cuando es ensombrecido por el ego nos sentimos mal, en cambio cuando brilla en todo su esplendor nos sentimos bien.
 Incorporar los principios en mi vida cotidiana es una forma en que la mano de Al-Anon está siempre lista para quien pida ayuda. Quizá el compañero de trabajo o estudio esté necesitado de una sonrisa. Podría ser que el cajero ocupe un "tenga un feliz día".  Un trabajo hecho como nos enseña Al-Anon, ayuda a una sociedad enferma por la irresponsabilidad. Puedo ofrecer mi honestidad a un mundo que pide ayuda para eliminar la corrupción. El Programa me ha dado mucho por lo que es mucho lo que puedo dar. Llevo siempre lo que aprendo en Al-Anon conmigo no solo porque lo necesito, sino para darlo a los demás. Dejar los principios y hacer a un lado a mi Poder Superior, quien es mi sustento, es un acto de suicidio espiritual y me convierte en una amenaza.

viernes, 6 de febrero de 2015

No eres todo para mí

De adolescente recuerdo que el pariente de un compañero de clase dijo que amaba mucho a su novia, pero que si ella complicaba la relación la dejaría. Me sonó abominable por la tranquilidad con que habló (tenía que quebrársele la voz) y por contemplar una posibilidad tan egoísta. Se me escapa una sonrisa cuando repaso esa anécdota. En esos años creía que había que ser incondicional con la pareja. El otro era todo y había que soportar cualquier cosa con tal de que la relación se mantuviera. Tuve mucha suerte de abandonar esos pensamientos absurdos. De haber continuado con esa creencia, sería otro de tantos mártires que sufren inútilmente "por amor". Me alegra no haberme comprometido seriamente por aquel entonces, porque habría estado en serios aprietos que podrían haberse extendido hasta el presente.

La idea de amar libremente le produciría un infarto a alguien que ha sido engañado con la idea de que amar de verdad significa una dependencia absoluta. No podría sentirme amado por alguien que se siente obligado a hacerlo, pero sí por alguien que lo hace porque lo ha decidido. Ser una sanguijuela emocional no es mi estilo. Tampoco quiero ninguna pegada a mí. La libertad es un derecho que todos deben tener. Quiero compartir mi vida y que otros la compartan conmigo sin invalidarnos. Amar es tratar a los demás con la consideración debida y esa consideración incluye dejarlos desarrollarse libremente y no cargarlos con la responsabilidad de hacerme feliz, cosa que no podrán lograr porque la felicidad es un asunto personal. El desprendimiento emocional no es un acto de indiferencia sino de amor puro hacía mí y los demás.

jueves, 5 de febrero de 2015

Libre de tiranos

Quedé muy impresionado cuando vi dos experimentos sociales que demostraron dos conductas peligrosas del ser humano: tiende a volverse tiránico cuando tiene autoridad sobre otros y está dispuesto a someterse y a actuar contra sus valores, siempre y cuando lo pida una autoridad que considere legítima. Una de las historias más comunes que escucho es que por diferentes tipos de dependencias, muchos se doblegan  incondicionalmente a otros quienes terminan volviéndose despóticos.
 Necesitamos unos de otros. No podemos ser totalmente independientes porque somos seres sociales. Desarrollamos relaciones pero estas deben ser constructivas. Una relación amo-esclavo es todo lo contrario, ¿cómo podría ser constructiva una relación donde uno es abusado y otro abusa? Siendo el Bien la naturaleza básica del hombre, ambos se ven perjudicados. En vez de crecer, ambos se disminuyen.
 Si le hecho a otro la responsabilidad que me toca asumir, automáticamente me convierto en su prisionero. Si supero mis dependencias, no le otorgaré a nadie el dominio de mi vida.  A nosotros los afectados por el alcoholismo de otra persona, acostumbrados a menospreciar nuestras posibilidades y soportar lo peor, este cambio podría parecernos poco atractivo. Y lucirá menos atractivo si esa relación nos produce  comodidad. Hacerme cargo de mí me garantiza autonomía y el crecimiento personal y la paz que eso conlleva. Para mí, vale la pena cambiar.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Ojos bien cerrados

Hay realidades tan espantosas que no es de sorprender que cerremos las ojos para no verlas. Es un mecanismo para evitar el dolor por el mal recibido o por el mal que causamos. En Al-Anon no estamos llamados a evitar las situaciones dolorosas, sino a encararlas eficazmente. La luz de la verdad resulta molesta a ojos acostumbrados a la oscuridad de la negación. Los pretextos deben ser dejados atrás para darle paso a una aceptación sanadora.
Aceptar es una de las acciones más difíciles para los que nos sometemos al Programa por sus implicaciones. Cuando pensaba que estaba por mi cuenta, era más difícil aceptar lo que rechazaba por doloroso. Saber que no estoy desamparado, me facilita abrirme a una realidad complicada, pero que sería más complicada si sigo hermético.  Ignorarla empeoraría las cosas. Lo práctico es "tomar al buey de los cuernos", tener los pies bien puestos sobre la tierra y vivir la vida tal como es. Hacer lo contrario equivale a llevar una existencia ficticia y mantenerse en constante huída de una realidad que no deja de serlo solo porque lo queramos. No quiero una existencia tan miserable.

martes, 3 de febrero de 2015

Cautivo en la Tierra de la Fantasía



Tantas ideas falsas me tenían cautivo en un mundo irreal. Mis pensamientos fuera de la realidad me impedían hacerle frente a la vida de manera sensata, con las graves consecuencias que eso implica.

Mis expectativas sobre lo que “debía ser” terminaron viniéndose al suelo. Las fantasías no tenían un sustento en la realidad. Fui dándome cuenta de que estaba viviendo una mentira al comprobar que no funcionaban. Sí algo funciona tiene que ser cierto y si no, tiene que ser falso. Insistir en usar algo que no me estaba dando soluciones no era práctico. La esperanza se volvió inútil así que había que probar algo diferente. Los golpes pudieron más que la testarudez y el miedo de buscar otras opciones. Necesitaba urgentemente encontrarme con la Verdad si es que quería tener una percepción correcta de la realidad y tomar acciones efectivas ante ella. Por eso busqué a Al-Anon.

En la hermandad tuve que dejar atrás mis creencias erróneas. Abandoné fantasías como que la felicidad me sería proporcionada por alguien o por algo o que podía y era correcto cambiar a los demás. Dejar creencias tan arraigadas en las que se han cifrado tantas esperanzas es doloroso. No obstante, cuando voy asimilando las nuevas y su efectividad prueba su validez, me siento bien y mi vida se enrumba por buen camino. Vivir en la Verdad tiene ese efecto.

C.G.

lunes, 2 de febrero de 2015

Dejarlo para después

La literatura nos dice que el mejor día es "Algún Día". Solemos decir "algún día lograré esto o aquello". Posponer es una actitud muy generalizada que yo adopté. Analizando mi pasado he descubierto que muchas de las cosas las posponía por miedo. No quería enfrentarlas porque suponían un reto que me exigiría cambios que no estaba dispuesto a hacer. El confort de lo conocido me mantenía inmóvil hasta que no había otro remedio que tomar acción de manera apurada y agitada. 
 Ganar seguridad en mí mismo ha alejado a muchos temores y me ha hecho menos moroso. No quiero volver a sentir la ansiedad que produce dejar algo para después. No quiero experimentar la culpabilidad que me produce no haber hecho algo tan bien como pudo quedar por falta de tiempo o no hacerlo del todo. Al detectar que voy a posponer, pido la fuerza para cambiar lo que puedo y pongo manos a la obra. Quizá empiece lentamente y por lo menos dificultoso. Luego voy aumentando el ritmo. A medida que voy viendo el progreso, mi interés aumenta y al final estoy totalmente dedicado a ello. La ansiedad producida por la morosidad es reemplazada por la satisfacción de la labor cumplida. Otra vez la práctica de los principios espirituales me han salvado de mi propensión a auto sabotearme que una vez más quería impedirme progresar.