Durante una época, en una empresa en la
que trabajé, hubo una serie de despidos a causa de una restructuración
radical. Una persona nos decía con un tono solemne que la actitud cuando
viéramos esos despidos era pensar "Que bueno que no fui yo".
Tanto tiempo después me pongo a pensar en esas palabras y aunque me
imagino que eran para consolarnos, no creo que fueran las mejores. En el
fondo a lo que apelaba era nuestro egoísmo, a la desastrosa pero siempre
actual idea de "mientras yo esté bien, los demás no importan".
Es una creencia cínica y muy generalizada, pero desde el punto de vista
espiritual dañina. Y como somos seres espirituales, no nos conviene.
Mi padrino me decía que el programa de
Alcohólicos Anónimos, que nuestros grupos adoptaron, en realidad no era
un programa para dejar de beber sino una guía sobre cómo se debe vivir.
Al vivir de manera coherente con la forma a la que se está llamado por naturaleza
a hacerlo, se desarrolla una armonía interior que contiene la adicción.
Es un efecto secundario de ese maravilloso cambio que se realiza en la
persona. Esa forma de vida conlleva ser solidario con los demás. Es vivir
en el amor por lo tanto no puedo ser indiferente. Me tengo que interesar
por los demás y aunque no puedo cambiarlos, puedo extenderles una mano amiga.
Si soy solidario mucho menos puedo usar a la gente para mis propósitos.
La consideración, la compasión, el entendimiento que desarrollo por mis
semejantes me impiden aprovecharme de ella.
Vivir el programa va más allá de
sanar emocionalmente o de solo "irla pasando". Es vivir a
plenitud y alcanzar enormes alturas en el plano espiritual que es amplísimo.
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