domingo, 14 de febrero de 2016

Me encanta que lleguen nuevos




Me embarga la alegría cuando llegue un nuevo al grupo. Y si es más de uno, me siento todavía más alegre. No es solo porque la hermandad crece, sino por ver que otras personas se están dando la oportunidad de sanar y crecer interiormente. El Programa me ha dado tantos regalos que cuando veo llegar a personas que también los recibirán, si son perseverantes, me entusiasma. Me regocija cuando alguien entra a nuestras salas a salir de los escombros en que lo enterró el  alcoholismo, no solo porque su vida mejorará sino porque su recuperación impactara positivamente a otras personas que a la larga podrían llegar a Al-Anon.

Cuando hay alguien nuevo trato de que se sienta cómodo, que sepa que está entre iguales y le comparto mi experiencia antes de llegar al programa y después de llegar a él. Trato de hacerlo de una manera muy atractivo para que se lleve una muy buena impresión y sienta deseos de asistir a por lo menos una reunión más. No puedo obligar a las personas a que regresen, así que la única manera en que puedo influenciar en ellas para que lo hagan, es que sientan deseos de repetir de la experiencia.

No soy el único que no se emociona cuando tenemos la dicha de que llegue gente nueva. Me llena ver que el resto de mis compañeros y compañeras le regalan a los nuevos una sonrisa y un saludo. No falta la expresión “¡Qué bueno!” enfatizando la alegría de tener entre nosotros a alguien que quiere salir adelante, y si se mantiene, hará más grande nuestro movimiento de buena voluntad mundial.

Recibamos con cariño a los nuevos y procuremos que lleguen más. Que sientan que no están solos, y que en nuestra hermandad van a encontrar siempre brazos abiertos dispuestos a darles el apoyo que los miembros siempre nos damos. Que no olvidemos que la base de nuestro programa es el amor y hay que darlo a manos llenas.

domingo, 7 de febrero de 2016

La negación del adicto



Veía en Facebook  una publicación contra la droga que llevaba una cantidad altísima de visualizaciones, de veces compartida y de aprobaciones lo que me sugiere existe un repudio generalizado hacia las drogas, incluso las que se consideran más suaves. Tampoco faltó quiénes las defendieran. Sus comentarios denotaban las características ya conocidas de los adictos: orgullo, negación, auto conmiseración, hipersusceptibilidad y culpa. Digo que culpa porque sus argumentos parecían más destinados a convencerse a sí mismos que destinados a convencer a los miles que reprueban la droga. Si estuvieran tan convencidos hubieran ignorado una publicación tan pequeña. Les tocó la conciencia y ese remordimiento parecía lo intentaban acallar lanzando fuertes ataques para mitigar el dolor que les produjo ver su realidad reflejada en un mensaje muy simple y pequeño. 

Ver esto me reafirma lo inútil que es convencer a un alcohólico de que beber le hace daño. Como adicto que es, defenderá su sustancia a capa y espada, incluso sabiendo que es nociva. Leí comentarios defendiendo el fumar marihuana por considerarla saludable. Me pareció tan ridículo como incitar la bebida de alcohol de fricciones por tener propiedades desinfectantes. Además vi las fotos de los que hacían los comentarios, y si fuera por las apariencias, diría que la droga no les está sentando nada bien.

El adicto es una persona muy enferma emocionalmente. Se atrinchera tras una gruesa capa de soberbia. Tratar de que dé el brazo a torcer es una tarea infructuosa. Si tratamos de hacerlo solo lograremos frustrarnos y no queda de otra es aceptar lo que no podemos cambiar, lo cual es muy liberador. Esa capa solo podrá empezar a caer cuando se resquebraje por un golpe demoledor. Sus excusas se vendrán al suelo. La defensa de su sustancia y la de sus comportamientos inaceptables ya no tendrán asidero. Antes no sucederá. En lugar de tratar de cambiar a otro, lo mejor es mejorar nosotros. No es una actitud irresponsable sino sensata y de amor a nosotros mismos.